En un país en donde la preparación es la clave del éxito y en el interior es una meseta caracterizada por desiertos, montañas y glaciares helados y más; existió, hace muchísimo tiempo, un emprendedor que pensó en inventar un producto que fuese original y ventajoso. Aquél hombre les daría impulso a muchos otros que, a partir del ingenio de éste, irían propagando por el mundo el hábito y el consumo de cremas frías más una importante variedad de posibilidades.

Luego de aquél visionario, muchos más hicieron su contribución en la mejora de la producción, la distribución y la comercialización, hecho que se tradujo en un aumento exponencial en las ventas.

Mucho tiempo después se destacó un hombre que, en base a su gran habilidad, obtendría recetas magistrales a las cuales les colocaría su marca registrada en otro país y que luego pasaría de generación en generación hasta convertirse en un mini-impero conducido ahora por otro que sentó base en un pequeño pueblito llamado “Vuelta del Perro”, lugar dónde se encuentra la casa matriz tácticamente ubicada en la esquina de una plaza. Todas esas circunstancias fomentaron el negocio, que tuvo un período de expansión y le brindó la posibilidad de añadir sucursales hasta llegar a tener más de diez en todo el país.

El comerciante, cuyos rasgos faciales firmes, incrementados por el uso de anteojos cuadrados, ojos verdosos, contextura robusta y cabello cano semiabundante ofrecen a la vista de quien lo mire un panorama de lo que es o de lo que debería ser un humano moral y socialmente aceptable. Sin embargo, la materia prima de ése negociante consiste en saltar la barrera inhibitoria visibilizando la verdadera esencia del ser, que se traduce en un desenfrenado impulso sexual orientado específicamente a un gusto grotesco: la pedofilia. Y aunque su aspecto diría todo lo contrario, como sucede con muchos más de su tipo y especie, quienes los amparan desde el silencio o de la omisión, no puede evitar contener lo que su naturaleza le demanda: el atractivo e interés rijoso hacia los niños.

Ahora los días transcurren con calma de olvido y solo un mural con personajes históricos gravados son tácitos testigos de la concurrencia.

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