“Siempre pensé que el bien pasa desapercibido y que el lugar donde está el bien es un desierto. También pienso que lo malo consigue la mayor parte de la popularidad. Uno puede ir hacia ese lugar donde se encuentra el bien, pero tiene que bancarse que es un desierto.”

Soy Under, un simple mafioso que aprendió a destacarse tanto entre los ilustres como entre los simples. Después de todo, ¿Cuál es la consigna de un mafioso?

He tenido grandes maestros. Una de las primeras cosas que me enseñaron fue “no solamente hay que serlo, sino también parecerlo”. A esta altura de mi vida podría decir, también: padecerlo.

Los que me precedieron siempre me dejaron en claro que, en los negocios, hay cosas que no se pueden mezclar: si vas traficar drogas, no te drogues, si vas a comerciar alcohol, no bebas, si vas a montar una sala de juegos, no juegues; si vas a matar a alguien, no te ensucies las manos a menos que sea estrictamente necesario. Yo excedí todas las reglas y, por eso, estoy en medio de un desierto, escondido y fuera del alcance de mis antiguos amigos que, ahora, buscan cercar mi puesto. Desde este exilio obligado, desde esta cárcel de cristal…viejo, enfermo y abandonado solo me veo como otro animal primario, como un simple mortal.

¡La muerte pasará sin pena ni gloria por esta cárcel que yo mismo he creado! Y será, al tiempo, mi desierto soñado.¿Cómo he llegado hasta aquí? Es una larga historia. Ahora solo el tiempo es mi amigo y confidente para sentar en la historia mi legado de mafioso.

Para empezar, voy a contarles que mi oficio comenzó al mismo tiempo que la humanidad. ¿No lo creen así? Pero mi incursión en el delito empezó cuando comprendí que todo puede ser corrompido. La gente como nosotros vive de eso, no quebrantamos voluntades-eso se guarda para cuando el pez muerde al anzuelo-simplemente afianzamos voluntades.Los mafiosos vemos el brillo de la codicia en los ojos de nuestras víctimas y nos valemos de eso para sacar provecho.

¿Quién quiere ser famoso? ¿Quién quiere ser millonario? ¿Quién quiere ocupar un puesto jerárquico o de mayor poder?¡Y lo mejor! ¿Qué está dispuesto a hacer para obtenerlo? Ninguna cosa es gratis en este mundo, por eso un buen negocio consiste en hacer creer que sí lo es.

Nosotros, los mafiosos, siempre nos involucramos en los negocios del momento. ¡Y siempre hay un negocio para hacer!

Ya sé, el lector está interesado en conocer cuáles son los negocios más rentables y duraderos. ¡Dios!  han logrado enfurecerme!¡¡¡¿Nunca vieron un maldito documental sobre nosotros?!!!

Como dije, estoy aquí para contar mi experiencia, ¡no para alimentar a un puñado de inútiles que nos sirven para nada!

Primero quiero aclarar que nosotros somos lo que se considera “sociópatas” y todas esas patrañas que la chusma desparrama por ahí. Eso no es cierto, siempre nos pone de buen humor jugar con la vulnerabilidad de otro, por ejemplo. Ya saben…

Así fue como un día comencé a reclutar adictos, un valioso tesoro de basura que, cada tanto, merece ser escarmentada. ¿Que para qué nos sirven? ¡¿No les expliqué ya que nosotros nunca nos ensuciamos las manos?!

También reclutamos obedientes y le encomendamos la misión de mantenernos informados de todo cuanto sucede a nuestro alrededor, a veces ofician de espías con promesas de liderazgo a futuro, pero el futuro es tan incierto…

En algunos casos, si se portan bien, los dejamos pensar que algún día manejarán el negocio. Y cumplimos, aunque no siempre en la forma que ellos esperaban.

Eso fue lo que le sucedió al apodado “Texas Rangers”, mi mano derecha para su estúpida credulidad. Nos sirvió por muchos años, así que le facilitamos un restaurante de mala muerte en concepto de jubilación. Cada tanto llama por teléfono como la rata inmunda que es para suplicar facilidades. ¡como si no hubiera puesto ya mucho dinero y contactos para sacarlo de la cárcel cuando lo pescaron por inoperante! ¡Maldito inservible, solo tenía que traer un bolso con algunos dólares desde un país limítrofe con todo arreglado! ¡¡¡Juro que casi me tienta asesinarlo personalmente!!!

¡¿Tan difícil es cumplir un pedido tan sencillo?!

¡¡¡Respiro, respiro…o ya mismo le mando a los muchachos!!!

Ya pasó. ¿Ven? Así debe manejarse un verdadero mafioso. No tiene que ser un tipo impulsivo, debe pensar y calcular cada movimiento, cada detalle…Y, aunque aún no sé bien cómo pudo ser posible que me atraparan por enriquecimiento ilícito, sospecho de ella; y hasta de mi familia.

¡¡¡Esa perra!!!!

Vino una vez a verme, quería poner una agencia oficial de quiniela y sabía que yo era el único que podía manipular al encargado de habilitarlas. Ordené que la vigilen de cerca y me enteré de que había visitado a un abogado para intentar presionarme judicialmente, ya saben…por esa pavada del juego clandestino que luego legalicé adquiriendo todas las agencias de la zona a nombre de testaferros. ¡Esa fue una excelente jugada, me felicito por ello! ¡¡¡Zorra!!! El encargado de habilitaciones me informó del caso y yo personalmente la llamé para explicarle como son las cosas. Con eso fue suficiente, por suerte. ¡Nunca me había reído tanto en toda mi vida!

Hasta el abogaducho de cabotaje le sugirió a la zorra que abandonara la idea por el bien de su familia.

¿Lo ven?¡Eso se llama orden! Y los sumisos aprenden, pero tampoco puedo fiarme de ellos.

Sé que vivo rodeado de traidores, de buitres infames. ¡¡¡¡También sé que los voy a encontrar y juro que cuando lo haga…!!!

Respiro, respiro…

Es hora de mis ejercicios de meditación, por hoy solo observaré cómo huyen los pájaros cada vez que los coloco uno a uno frente al espejo.


De todas las opciones que se nos ofrecen tendemos a mostrarnos interesados en la de “goteo”. Ya saben…no se pude esquilar demasiado a la oveja, y mucho menos matar a la gallina de los huevos de oro.

En un tiempo se dio muy bien el tema de las quiebras fraudulentas, los remates judiciales, el tema de los gremios y el favor de prestarles algunos colectivos repletos de muchachos que simularan cualquier necesidad (llorar, gritar, protestar, acusar, conmoverse, abrazar a las supuestas o reales víctimas…).

Nuestros contactos compraban agitadores, empresarios, jueces, fiscales, comisarios, gremialistas y toda esa mierda. Pero todos ellos nos cumplían muy bien. Con todo eso lográbamos obtener, por ejemplo, propiedades a bajo precio, todos nos beneficiábamos, ¿saben? El empresario aprovechaba para despedir a los empleados y comprar mejores máquinas, el de la secretaría de trabajo hacía sus negocios y hasta las compañías de seguros nos amaban. El tipo del remate siempre transpiraba, sabía que las propiedades no eran compradas por nosotros sino por el arma más temida: el terror. Lo acepto, algunos muchachos exageraban la actuación y le imprimían el caño del revólver en las costillas a los demás compradores, pero jamás pasó de eso.

¡¡¡Diablos!!! No sé para qué recordé eso, me trajo a la memoria al deficiente mental parroquiano que, ignorante de mis contactos con la alta alcurnia, se atrevió a preguntarme si los negocios que fomento serían aprobados por Dios.

¡¡¡No le gatille allí mismo al infeliz porque Dios es grande!!! y por saberlo ignorante de mi trato con la curia en múltiples contratos millonarios que van desde la obra pública hasta donde llegue la chispa.

Como ven, yo si predico con el ejemplo.

 ¡¡¡Ya pagué mi boleto al cielo repugnantes codiciosos!!!

Le respondí para no matarlo, le dije que todo dependía de Sr. Intendente y del Honorable Consejo Deliberante. Y concluí: no pretendemos hacer ninguna cosa que se encuentre por fuera de la ley.

Se fue contento bamboleando la túnica “blanca”, tanto como una cortina de baño. ¡¡¡ Al menos debería ducharse el hediondo!!!

Esa misma tarde me reuní con el comisario, teníamos varios asuntos que tratar. Ya saben…autopartes, zonas liberadas…tonterías relativamente importantes. El intendente aprovechó el encuentro y se nos unió. El mandilón casi se caga todo cuando le pedí un favor. Esa frase, viniendo de alguien como yo, genera no sé qué.

¡Condenado gusano! ¡Así es como te pagan después de haberle financiado la campaña!

 Ya saben, mantuve la calma y le expliqué que él debía responder a nuestros intereses y que su inconveniencia política era cosa suya.

En una sola cosa estuvimos de acuerdo: ni siquiera a los mafiosos les gusta el exceso de alboroto y, mucho menos, la prensa.

Aunque probablemente a la prensa le interese saber por qué los muchachos eligieron un intendente con esa cara de pelotudo!


«Ah, la libertad…la libertad sin tiempo, ni espacio, ni lógica. La libertad de vivir todas las vidas, de estar en todas partes, de recorrer las edades. ¿Qué dicen a esto los libertarios sin frontera?

¡¡¡Todo eso de no haber sido por la prensa!!!

Cada vez que me miro al espejo me siento ligeramente excitante…pues existe una falsa creencia de que la gente como nosotros siempre luce bien, tanto en el aspecto físico como en el aspecto moral. Nuestra habilidad para enderezar todo lo que vemos torcido nos convierte en creadores de la verdad. Y esa verdad una vez fue amotinada por ese gordo fantasioso y, sobre todo, por el viejo usurero que nos usurpó las intenciones destacando en una tapa del diario local algunas de nuestras tantas-según yo: picardías; según ellos: fechorías-.

El asunto fue que la familia-así nos gusta llamarnos-ambicionaba una propiedad que estuviese estratégicamente ubicada para expandir los dividendos. Teníamos la intención de instalar salas de bingo en pueblos pequeños más abundantes actividades: casas de crédito, casas de empeño, compraventas y todo eso.

Pero el matusalén rechazó la oferta por el predio que precisábamos, seguramente especulando con nuestra billetera.

Ah ¡Condenado bribón!

¡Como si no hubiese hecho gran fortuna alquilando CDS ilegales!

Esa palabra me gusta ¿saben? Porque todo lo que pueda presumirse legal siempre será capaz de legalizarse teniendo los contactos adecuados.

¿Que hice? Muy cómodo. Solamente llamé a los muchachos que se ocupan del área. Ellos impusieron nuevos adelantos y rápidamente el negocio mermó.

Volvimos a contactar al decrépito y le doblamos la oferta. Ya no le compraríamos solo una parcela, le compraríamos toda la manzana y le ofreceríamos crédito abundante para disfrutar de las instalaciones. Vaya, esta transacción se nos dio regalada. En poco tiempo el anciano nos reembolsó todo lo invertido y se convirtió en cliente de otra empresa nuestra: la usura.

¡¡¡Esos periodistas calumniadores casi me arruinan también el bailable, solo porque hubo una riña y un tipo salió levemente perjudicado!!!

Bueno… para decirlo mejor “pasó a mejor vida”.

¿A quién le puede importar que dos tipos pierdan el control cuando beben un poco de más?

Esa noche tuve que soportar al inepto representante de la justicia, a quien había pagado varias veces por silencio. Quería que lo saque del apuro y arreglé todo para que saquen el cuerpo del lugar. Allí aparecieron todos esos tediosos paparazzi ávidos de sensacionalismo.

Mi especial antipatía con el dúo “periodístico” local (hoy cualquiera parece serlo) surgió a raíz de esa tapa ladina en donde aseguraban irregularidades imaginarias: trabajo en negro, incumplimiento de normas y hasta blanqueo de dinero. ¡¡¡Toda mentira!!!

¡Si eso no fuese verdad el secretario de trabajo lo hubiera arreglado como Dios manda!

Y pensar que varias veces le salvé el pellejo al zoquete, en especial cuando nos ocupábamos de las quiebras fraudulentas y de las negociaciones por despido. ¡En una oportunidad tuve que pagar la tanda de un noticioso local para que cubra un meandro entre trabajadores que, ¡adivinen!, pretendían cobrar todos los meses! Cuando llegaron las cámaras-de a pares-arreglé que solo se expidiera el secretario, que bien sabe de leyes. Ese alcahuete…con tal de salir en televisión se humilla hasta el hartazgo, pero es bastante funcional al sistema. ¡Si son 30 trabajadores, contados por él, serán 10 y punto! Y, si no, que vayan a quejarse a la secretaría, yo no tengo nada que ver con eso.

Es ése periodista embustero, que se atrevió a deslizar al oído de uno de los nuestros, claramente, sin saberlo, que se habían dado un montón de situaciones en las cuáles algunos malos perdedores decidieron quitarse la vida por ver su economía seriamente afectada a raíz de algunos de los negocios de la familia. ¡¡¡Esos jugadores compulsivos siempre tienen con qué justificarse!!! Son como los adictos, casi nunca se recuperan de sus propias elecciones.

Esa es una buena noticia para todos aquellos que aspiran a pretender que la libertad no tiene precio y que en el auditorio de los dioses se puede sentar cualquiera.


Los sistemas de creencia afianzados en el tiempo son los campos preferidos de la familia y, posiblemente, los más rentables. Estoy hablando de todo lo instituido por fuerza o por maña.

¡Benditas instituciones!

Partidismos, religión, banderías y toda cuanta aceptación masiva conduzca al fanatismo. Nosotros fomentamos todo tipo de posturas, principalmente para que la plebe se sienta parte integral de alguna causa. Y esa causa siempre es la nuestra. Para ellos es bueno creer que pertenecen, que son considerados accionistas cuando, en realidad, son los que solo por el orgullo de “pertenecer” y fomentar el contagio ideológico, viralizarlo y engordarnos en arbitraje nos facilitan la tarea.

¡Infectos ingenuos!  ¡Juro que a muchos les arrancaría el cerebro si no estuviese tan seguro de que no cabe en la punta de un alfiler!

Pero tenemos que dejarlos, nos sirven de muletilla para engendrar lo que nos interesa: el conflicto; que será solo de ellos, porque nosotros negociamos entre familias mientras que ellos solo se pueden permitir aceptar lo impuesto. Así, por ejemplo, hasta el mendigo más arruinado, podría oficiar de brote si se le ofreciera lo que su espíritu necesite a cambio de traicionar hasta a el perro callejero que le sirve de frazada.

Tuvimos problemas de ese tipo muchas veces. Recuerdo aquel en el que habíamos enviado a dos principiantes a realizar una cobranza, ya saben…deudas por vicios. ¡Y la familia decidió enviar a dos perfectos viciosos que se sintieron capaces de obtener algún ascenso financiándose el pase a través de la inversión de la familia! ! Groso error…que fue salvado con algunas bajas (precisamente una). Así la basura volvió al basural y, aunque muy bien transportada en el baúl de un auto lujoso, un poquito chamuscada por el calor que produjo el fuego del incendio.

¡No se imaginan la suma que tuve que pagar en silencios varios!

¡¡¡No estoy gritando!!! Solo tengo la voz fuerte.

Respiro, respiro…calma.

Les decía…existen escalas, niveles…. pero de los que hay que cuidarse mucho es de los que son minoría, esos siempre estarán intentando progresar en la escala. Por eso nos gusta reclutar mayorías, existen en abundancia.

De eso hablaré hoy con el senador.


Cuando salí del despacho se me apareció de sopetón un gordo de aspecto impresentable de casi dos metros cubierto de un tapiz con el que podrían fabricarse al menos tres alfombras, aunque yo no la recomendaría ni para eso. Esa piel infectada de grasa color pardusco le sentencia un aspecto malacrado que convoca a hacer la vista gorda o desempacharse de tanto esperpento fijando la mirada hacia donde pudiese encontrarse algo menos desagradable, por ejemplo, una cloaca.

Se preguntarán por qué el monstruo me produce todo eso, y existe una buena razón.

¡Ese maldito gigante me hace ver como un enano!

El asunto que el audaz se atrevió a frenarme el paso por un momento para hacerle peticiones a la familia. Lo escuché por dos minutos, ya que tenía que arreglar unos asuntos relacionados con una compraventa. Le dije que hable con un ex comisario amigo antes de llevar la propuesta al Consejo, ahí, dónde atiende el sujeto con cara de pelotudo. Parece que el hampón alquila departamentuchos y necesita facilidades con la provisión eléctrica.

¡Eso es la parte mala de ser un mafioso, casi siempre hay que hacer negocios hasta con el más impensado malviviente!

Organicé una reunión en una de las sucursales de la familia y pactamos el contrato, el cooperativista que tenemos en el servicio fraguaría el consumo de todos los departamentos y se lo compensaría a algún otro infeliz. Tarea fácil.

Todos nos beneficiamos ¿saben? Donde todos ganamos, ninguno pierde.

Se preguntarán qué beneficios tuvo la familia.

¡Idiotas!

Claramente existen una cantidad más que considerable de alquileres que cumplen con esa regulación, y cada propietario nos debe un favor. Como dije, cuando yo digo “un favor”, no estoy hablando solamente de bienes económicos. ¡¡¡Esos malditos me deben su alma, me pertenecen y voy a hacer con ellos lo que quiera!!!

No sé si es la melancolía de la acción, de las luces de la noche en donde un apretón de manos incluía un puñado de billetes o alguna sustancia adictiva lo que me hace reflexionar un poco.

¡¡¡Que no se llama coima, se llama donación!!!

Que buenos tiempos aquellos…

Bailar toda la noche con mis amigos de zapatos acharolados y colorido ropaje. El whisky para todos y las mujeres rodeándonos con admiración.

Pero hoy, algo impotente, siento debilidades que antes desconocía. La vejez ha invadido mi cuerpo y camino más lento de lo que hablo. ¡Dios!, como si no hubiese buscado por mucho tiempo el elixir de la juventud que ni aun un bisturí pudo frenar. Pero estoy seguro de que mis sucesores sabrán continuar con la empresa, ¡para eso los entrenamos!

Me siento cansado y no sé si pueda sostener la pesada pluma que me sirve de plegaria por demasiado tiempo. Dios dirá. Por eso he programado una visita a la iglesia, lo siento como el único lugar en dónde todos somos absueltos, hasta los tipos como yo.

¡¡¡Más vale que el eclesiástico no intente quitarme un centavo!!! ¡Que les pidan a los pobres, malditas sanguijuelas!

Sin embargo, voy a pedir perdón por aquellos que pagaron la luz para provecho de los gusanos.


Extracto del libro “crónicas mafiosas”.

Por admin

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