¡Macho! dijo la partera, y levantó entre las manos a quien, se suponía, llegaría a adquirir un perfil de humanidad en algún futuro.

Nunca le asignaron un nombre, pero era dueño de varios apodos, principalmente ligados a su carácter camorrero, sociópata y narcisista.

De adulto mayor, llevó su piel pálida y su corte “Bull Dog” a La Perla del Oeste, una ciudad que le garantizaba evadir los peligros de ser engañado por embaucadores profesionales y en donde lo único importante es llegar al fin de cada semana para emborracharse y descargar tensiones y así estar dispuestos a afrontar otra semana sin sentido. Ese camino de la disociación, que tiene una personalidad de semana (responsable y cumplidora) y otra de fin de semana (fiestera e irresponsable), lo llevó a pretender y autoconvencerse de que no le importa la opinión ajena sobre sí mismo. Pero bien se sabe que quien desprecia todo lo que propone la cultura y el respeto, termina infringiendo varias leyes, arrastrando consigo a todos aquellos que le siguen el paso. Así fue que una vez-el ahora apodado “Fight Cricket”-terminó preso por consolidarse adicto a algunas diversiones ilegales. Una vez libre, decidió adoptar la doctrina del aspirante a mafioso y comenzó a frecuentar bares y pools de la zona en busca de un remedio para los dos venenos de su vida: la inoperancia y la estupidez. Así fue como, otro similar, le ofreció graduarse de patovica en un boliche de mala muerte al que asistían personas que creían haber superado la ingenuidad. El lugar se presentaba como un bar común y corriente, pero esa fachada escondía una razón principal, por eso, un matón a sueldo se aseguraba de abrir la puerta para los “socios exclusivos” aunque alguna vez, para guardar las apariencias, les permitiera la entrada a algunos clientes ficticios a los fines de disimular el verdadero rubro del lugar.

Valeria salió a divertirse con sus amigas y encontró un espacio en la “Street27”, cerca de la plaza. El lugar era armonioso y gentil para todos aquellos que gustaran ver las pantallas que mostraban imágenes de lucha libre combinada con música a todo volumen en un ambiente de privacidad absoluta, que custodiaba celosamente la policía local en un movimiento hacia la autenticidad.

Fue transcurriendo la noche y encontraron un poolcito, ahí fueron…sabiendo que toda experiencia constructiva implica un riesgo. Y el riego no se hizo esperar, Fight Cricket hizo su aparición secundado por otros anfitriones, que detestaban la presencia de todos aquellos que no estuviesen inmiscuidos en cosas raras. El jefe puso en marcha el operativo “buchaca” y Fight Cricket no demoró en llamar a la acción. Se paró en la puerta del bar y comenzó a agredir a todos aquellos que consideraba excluyentes, hostigando y persiguiendo con usuales y persistentes amenazas a todos aquellos que no hubieran adquirido la “bebida correcta”. Pero Valeria no hizo caso de aquel buscapleitos que, superado por la indiferencia ante los insultos, decidió cobrar venganza con otro de su talla, un perfecto varón que solamente lo miró a los ojos y lamentó grandemente presenciar un espectáculo tan lamentable; espectáculo al cual debieran asistir también gran parte de los habitantes de La Perla del Oeste, que observaban atónitos como desaparecía el fanfarrón a la velocidad en la que circulaba un patrullero que ¡Oh, casualidad! pasaba por allí.

Sin dudas Fight Cricket se había equivocado de buchaca.

Florencia Tamarindo.

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